04 de enero 11:30 am
Una brisa fría
corría entre las piernas
una cama
a punto se quedar vacía
una familia
esperando llorar una partida
y así va pasando
día tras día.
04 de enero 11:30 am
Una brisa fría
corría entre las piernas
una cama
a punto se quedar vacía
una familia
esperando llorar una partida
y así va pasando
día tras día.
Él sabía dar besos
ella tenía los labios
perfectos
se gastaron los labios
y continuaron
los besos.
Soy de esas que al amar se entregan sin piedad,
de esas
que desvisten con miradas y calan el alma
-no sé si las de otros o hago más profunda la mía-
También
soy de esas que huye
sin decir ni una sola palabra;
de esas que callan lo que sienten para no complicar.
De las que sueñan con las seis letras de tu nombre
y despierta sola
con ganas de ti y de más.
Las olas se llevan el olor de mi cuerpo
sin pedirme nada a cambio
y cuando pregunto por ti
el mar se queda sereno,
no sabe cómo contestar
el dolor que siente mi cuerpo
ausente de ti.
A lo lejos se escuchan tus manos
tirar de las cuerdas de esa puta guitarra,
y yo
sin derecho a decir ni una sola palabra
grito el sabor de tu nombre,
de tus besos,
de tu recuerdo,
de tu voz.
El viento se ha calmado
porque no quiere parecer
un mal tercio entre mis labios,
no sé cuáles,
pero entre ellos.
La luna se esconde
para no sentir la vergüenza
que se emana de mí,
ella tan tímida
y yo tan ganas de ella
y de ti.
Porque cada vez que te niegas
es como volver a nacer
y no ser nada.
En altamar
hay mil y un barco tratando de pescar
la primer letra,
esa que da
que nada
que todo
que un poco
y que no puedo más porque me delata.
Estoy en el vaivén
donde no sé si irme
o llegar
o venirme
o nunca quedarme
o quedarme para siempre.
Si tus besos reventaran
con las olas del mar,
te juro
que entregaría mi vida
por verte llegar.
Pero soy de esas
que (no) son cobardes,
y no (sí) quieren arriesgar.
He naufragado por más de mil bocas
en busca del sabor de la tuya,
pero amor,
podría atravesar el mundo entero
y nunca hallarla.
Se me han empezado a gastar los labios,
y temo que no encajen más con los tuyos
y me olvides.
Me atrevo a decir
que nunca te habían hecho temblar
como cuando estás a mí lado
y te toco la entrepierna.
No hace hace falta hablarte al oído
para que te entregues,
completo,
mío.
También confieso
que cuando me miras
me desvistes de adentro hacía afuera
y me entrego,
completa,
tuya.
Te puedo comer de pies a cabeza
o de cabeza a pies
que al terminar te voy a pedir más
y esperar a que seamos postre
y embarrarnos por las sábanas
y hacernos melcocha
para dos.
Vamos recorriéndonos la vida
en cuartos de hotel
y dejándolos inhabitables
por el olor a nosotros
impregnado en las paredes.
Que nuestro nombre
sea referencia en los mapas
con destino a ninguna parte.